La práctica docente, como ejercicio intelectual
Claudia Patricia Hernández A.
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En el contexto escolar, puede decirse que se vale todo; es decir, un maestro, puede apelar a diferentes métodos con el fin de llevar a cabo el ejercicio pedagógico, pero muchas veces su labor suele ser confundida con actividades al interior de la escuela, que no tienen nada que ver con este ejercicio.
Es así, como hay contextos en los cuales basta con tener el dominio del saber especifico al cual pertenece el área que se imparte, otros por su parte, enfatizan la importancia de educar en valores y con referencia a una religión en particular; apartando así al maestro, de su quehacer formativo, colocándolo en otra posición que si bien no deja de ser importante, no es en la que debiera estar, y está el contexto en el cual el dominio disciplinar y comportamental del grupo, lo es todo; quiere decir que la labor educativa, se centra en dar comienzo a la educación que los chicos no reciben en su hogar y conlleva a que la labor docente sea de carácter policial.
Para el caso que sea, de los anteriormente mencionados, la práctica docente como ejercicio intelectual; es decir, una enseñanza que posibilite la vía del pensamiento o que posibilite otras formas de pensar
(Martínez. 1991) queda relegada a un plano diferente, con miras solo a dar cumplimiento a ciertos parámetros legales o a ciertos intereses particulares, establecidos por los estamentos involucrados en el gremio educativo.
Puede decirse entonces, existe un problema a nivel educativo, que bien podría radicar en los procesos de comprensión; dado que hay una cierta confusión entre los conceptos enseñar y enseñanza
(Martinez.1991) y la falta de conocimiento en
cuanto a que, entre otros, el propósito de un maestro, debe ser pensar su labor como pedagogo.
Si a la enseñanza como concepto, se le encamina por la vía del pensamiento, elemento de una labor intelectual
(Martínez. 1991) se le puede dar un nuevo y positivo sentido a la práctica de enseñar y es allí donde el ejercicio pedagógico cobra su sentido y razón de ser.
Con la aparición de las pretendidas ciencias de la educación a principios de siglo XX, se ha tratado de fortalecer procesos; es decir, direccionar la educación con miras a la formación, tratando de integrar la pedagogía a labor de enseñar
"…reconocer la capacidad articuladora del concepto enseñanza y colocar la práctica de la enseñanza como campo aplicado de la pedagogía…" (Zuluaga. 1988) no solo se pretende la educación en cuanto a un saber especifico, sino que apunta al sujeto como tal; con la pretensión de formarlo ético e idóneo para desenvolverse en una sociedad.
Empieza la ardua discusión entre lo que es la formación y la instrucción; pues al instruir, se está impartiendo un conjunto de contenidos disciplinares que si bien pueden servir al sujeto para desempeñarse laboralmente, no le estarían aportando nada como sujeto de sociedad; allí es donde viene Herbart, a argumentar que al hombre instruido, también había que moralizarlo; pues la formación y los conocimientos, deben ir de la mano y esto solo puede darse por las vías de la pedagogía
(Zuluaga. 1992).
De forma inconsciente, el docente, toma partido; es decir, o instruye o educa y se coloca cómodamente en una posición amañada, en la cual suele acostumbrase al contexto y desenvolverse en él. Si es el contexto del saber disciplinar; instruye en un campo del saber, si es el contexto de lo moral y el dominio comportamental; forma un sujeto ético, pero no laboral y el problema real de la educación se marca enfáticamente; el maestro no es sujeto de pedagogía.
A lo anterior subyace el hecho de la imposibilidad del maestro de pensarse como pedagogo;
"los planes de formación de docentes no son diseñados para que el
maestro se piense así mismo, antes por el contrario, en ellos se instala el niño como idealidad (modelo de niño a formar) y el espacio donde se da esta instalación es el centro del simulacro de la práctica. Dentro de este espacio de simulación el maestro es representado solamente en función del aprendizaje del niño, constituyéndose éste en el centro de las interacciones, y el maestro, por el contrario, pasa a ocupar un papel pasivo. Es por ello que él no puede pensarse…" (Zuluaga y otros. 1988. pág., 33)
con ello puede evidenciarse como se desplaza la enseñanza y no se articula a la labor pedagógica.
Si se entiende de esta forma:
"la pedagogía seria la reconstrucción del saber-cómo dominado de manera práctica por el que enseña competentemente" (Mockus. 1989) se le puede asignar un significado al concepto, orientándolo hacia la competencia pedagógica, propia del ejercicio del maestro.
Ahora bien, la labor de redefinir conceptos, es tarea difícil y solo puede darse por la vía epistemológica; pues como uno de los aportes más importantes hechos a la enseñanza; permite la reelaboración de conceptos.
(Aguilar. 2002) "es preciso buscar nuevas conceptualizaciones que partan ya no de la transmisión de contenidos, del conocimiento, de la erudición, del saber hacer, sino del pensamiento como acontecimiento complejo" (Martínez. 1991)
El ejercicio educativo, implica una serie de relaciones e interacciones propicias en el contexto escolar en donde el docente desempeña su rol principal, si este último se pregunta por el objetivo de la enseñanza y se plantea cuestionamientos dirigidos al hecho de que el estudiante no solo centra su mundo al interior de la escuela; sino que hay toda una cultura por fuera de ella y es allí donde el estudiante debe estar preparado para desenvolverse, encontrará que el acto de enseñar va mas allá de sus concepciones.
Habrá necesidad de reconsiderar la enseñanza y esto ya de por si debe generar reflexiones que encuentran su lugar en el pensamiento y el pensamiento como ejercicio de labor intelectual;
"Repensar la enseñanza es abrir un espacio para la creatividad. Es a partir de la consideración de la enseñanza como posibilitadora
del pensar como se redefine su dimensión cultural, lingüística, cognoscitiva, artística, y es situando la enseñanza en disposición hacia el pensamiento como maestro-alumno, escuela y saber, que adquirirían sentido y lugar especifico" (Martínez. 1991)
no se trata entonces de enseñar a pensar al alumno; sino, de aprender a pensar como maestro y saberse ubicar en el contexto: el contexto educativo donde la práctica docente se ejerce como labor intelectual y no como ejercicio laboral.
Bibliografía:
Aguilar, Y, Mejía, R & Restrepo, T. (2002) El movimiento desde una la perspectiva de sistema, estados y transformaciones. Tesis maestría publicada. Universidad de Antioquia. Medellín, Colombia
Martínez, A. (1991) La enseñanza como posibilidad del pensamiento. Documento publicado en el libro: " pedagogía, discurso y poder" Bogotá, 1991
Zuluaga, O, Etcheverry, A, Martínez, A, Restrepo, S, Quiceno, H. (1988) Educación y pedagogía: una diferencia necesaria. Artículo publicado en la revista "Educación y cultura" # 13. Bogotá, 1988
Zuluaga, O. (1992) hacia la construcción de un campo conceptual plural y abierto para la pedagogía: aproximaciones metodológicas. Artículo publicado.
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